Acto final: teatro en tiempos de pandemia

Acto final: teatro en tiempos de pandemia


Un post de ndrea_montero, la autora del libro de poesía Todos los martes fueros tuyos,  sobre su amor y experiencia con el teatro. 

Empecé a ir al teatro por amor.

Me enamoré de un enamorado del teatro y no me pudo regalar nada más bonito que eso. Al principio solo iba para poder tener un tema del que hablar con él. Y más tarde fui descubriendo lo que era aquello, un lugar dónde la mayoría de veces no eres consciente de lo que pasa fuera de esas butacas. Un lugar dónde trasladar la vida, la muerte, el amor, la tristeza. Un lugar donde la delgada línea que separa la ficción de la realidad, es más fina que nunca.

Cada vez que voy al teatro, siempre le busco entre las butacas, en la salida entre tanta multitud o en el bar de al lado. Sigo yendo al teatro con la esperanza de comentar con él la obra a la salida. Ya nunca pasa, pero eso es el teatro, el amor más simple, inocente e inconsciente.

Cuando la pandemia mundial estalló, hubo mil cosas que me preocuparon. Los primeros días todos estábamos en shock, pero cuando llegó un poco la calma entre tanto caos de estar encerrados, surgió la gran pregunta ¿y la cultura? ¿qué va a pasar con ella?

Tras una campaña por parte de todo el sector y fuera de él, se intentó concienciar de que la cultura era necesaria. Era lo que nos estaba salvando de no caer en la locura absoluta.

Luego fueron pasando los meses y la realidad que venía, era inevitable: cines y teatros que tenían que cerrar.

Siempre me he gustado ir por todos los teatros de Madrid, cuando tenía días buenos y días malos. Fui sola a la última obra que vi antes de la pandemia. Había tenido un día horrible en el trabajo, estaba tumbada en la cama y entonces vivía a 400m de mi teatro favorito.

Fui a ver “La leyenda del tiempo” en el Teatro Kamikaze. Una adaptación contemporánea de “Y así que pasen cinco años” F. G. Lorca. Entonces no supe que era la última vez que iría al teatro, viendo las caras enteras del público y sin olor a gel hidroalcoholico en cada esquina.

La gran pregunta fue y es ¿se puede ir al teatro en una pandemia mundial?; por supuesto que sí.

La primera vez que volví al teatro en la nueva “normalidad” fue también al Teatro Kamikaze, esta vez acompañada por mis amigos. Vimos Traición una adaptación dirigida por Israel Elejalde y protagonizada por Irene Arcos, Raúl Árevalo y Miki Esparbé. 

Al llegar, nos tomaron la temperatura, nos echaron gel, nos advirtieron sobre cómo llevar la mascarilla durante todo el tiempo y nos sentamos con un asiento de separación entre cada persona.

“El impacto real de los contagios de coronavirus en el sector cultural. Supone el 0.025% del total de brotes detectados.” Rodrigo Blázquez, La Sexta.

Las medidas en este y todos los teatros eran envidiables, pero no siempre es suficiente. Y el 30 de enero de 2021 el Teatro Kamikaze, entre otros, cerraba sus puertas para siempre porque la pandemia, las restricciones y las pocas ayudas a la cultura afectaron de manera directa. Ese día fuimos a despedirnos del teatro y de todo lo que nos ha brindado durante tantos años. Uno de los teatros más vanguardistas de Madrid por el cual han pasado, para mí, de las mejores obras tales como “Iphigenia en Vallecas”, “Juicio a una zorra” o “Hermanas”, estas últimas las podéis disfrutar audiovisualmente en las piezas de Escenario 0 en HBO.

Hace años, antes de saber que una pandemia mundial nos arrasaría -y arrastraría-, se hizo viral un video llamado “Muertos de hambre” y hoy como conclusión a todo esto rescato una de las frases de este libro, tan corta como acertada:

“En estos tiempos que vivimos más que nunca necesitamos la belleza, el arte, ahora que cada vez estamos más deshumanizados.”

No dejemos morir algo tan vivo. Id al teatro. Yo sigo yendo por amor.

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