De Gloria Fuertes a Caitlin Moran: la importancia de tener referentes femeninos en literatura

De Gloria Fuertes a Caitlin Moran: la importancia de tener referentes femeninos en literatura

Hace unos años tomé una decisión: iba leer a más mujeres escritoras. Conforme fui creciendo me di cuenta de que me faltaban referentes y que sin ellas era imposible conocerme al 100% y que tampoco podría entenderme del todo bien sin ellas.

Y es que la etapa educativa de primaria, secundaria y bachiller fue un gran vacío en cuanto a referentes femeninos. Las lecturas obligatorias no me entretenían ni me llamaban la atención, no me veía identificada. Pero hubo tres profesores en esos años a los que recuerdo con especial cariño, que, saliéndose del temario, me ofrecieron varios nombres a los que seguir la pista.

Adela, a mis 7 años, me regaló un libro de Gloria Fuertes. Organizó un concurso literario entre los compañeros de clase y lo gané. El premio fue conocer los maravillosos cuentos de Gloria Fuertes y un ejemplar que todavía guardo. El segundo profesor fue Pablo. Nos animó a leer a una (desconocida solo para nosotros) Laura Gallego. Su Finis Mundi no me marcó, pero invitaron a la autora a darnos una charla y gracias a ello pude leer poco después una gran cantidad de libros de la escritora (Como la saga de Memorias de Idhún o Dónde los árboles cantan).  La tercera fue Mati. Ni si quiera era su asignatura (ella se dedicaba a dar Historia del Arte) pero un día, hablando, me recomendó a una autora valenciana: Matilde Asensi. De hecho, no solo me la recomendó, sino que me trajo a clase su propio libro para que lo leyese. Devoré El salón del ámbar en solo un par de tardes.

Puede que estas anécdotas no te llamen la atención ni te digan mucho. Pero a esta historia debería añadir que yo era una pésima estudiante, bastante desmotivada, que llegaba al suficiente sin esfuerzo y que ni las notas ni los temarios me suponían un incentivo. Algo que los libros sí consiguieron cambiar.

Entre Laura Gallego y Matilde Asensi, descubrí a otra escritora. Puede que te suene de algo. Su nombre es J. K Rowling. Con sus libros de Harry Potter descubrí que adoraba leer. Que la culpa de mi desinterés no era la literatura en sí, sino la falta de referentes en los que verme reflejada o simplemente que me atrapasen de tal forma que se me olvidasen esos prejuicios que tenía y donde relacionaba los libros con tareas obligatorias.

Poco después, en 2009, abrí mi blog Sweet Paranoia y, desde entonces, no he dejado de leer. Mi lista de referentes (especialmente femeninos) ha ido creciendo bastante, aunque todavía le queda mucho recorrido. En ella he incluido autoras como Virgina Woolf, Patti Smith, Úrsula K. le Guin, Joan Didion, Gloria Steinem o Jane Austen. Mujeres que, aunque venían de mundos diferentes y situaciones totalmente dispares, escribieron con el objetivo de llegar a otras mujeres, a otras niñas que todavía buscasen su lugar en el mundo. Así que, siguiendo el camino que emprendieron Adela, Mati o Pablo, hoy te quiero dejar cinco libros que me permitieron conocer otras realidades, que me inspiraron, que me ayudaron a entenderme mejor y que hoy en día, todavía me permiten aprender una infinidad de cosas. Ya no solo por sus personajes sino también por las autoras que los crearon.

 

  • Cómo se hace una chica de Caitlin Moran. Ojalá este libro hubiese caído en mis manos cuando era adolescente. Habla sin tapujos de una chica inglesa de origen humilde, cuya familia sobrevive gracias a las ayudas del estado. Su físico no cumple ninguno de los cánones de belleza de las revistas, pero nada de eso le impide valorarse y dedicarse a su sueño: convertirse en periodista musical y recorrer la geografía de concierto en concierto. Además, el tono tan deslenguado y afilado de Moran, asegura carcajada tras carcajada.
  • Mujercitas de Louisa May Alcott. Puede que sea el más típico de la lista pero no por ello menos importante. Creo que el personaje de Jo y en general, la historia de cada una de las hermanas March, es tan inspirador que da igual la cantidad de generaciones diferentes que lean el libro, siempre sigue siendo igual de inspirador. De Jo me quedo con su rebeldía por no seguir los cánones establecidos, con su pasión por querer vivir de su sueño y su valentía a la hora de no tener miedo por decir lo que piensa.
  • Personajes secundarios de Joyce Johnson. Mi primera aproximación a la Generación Beat fue con Jack Keruac, seguido de Burroughs y Ginsberg. Cuando pensaba que ya lo sabía “casi todo” me topé con este libro. Y me di cuenta que jamás había leído la visión de este movimiento, de esta época, desde los ojos de una mujer. Este libro me revolucionó y me dio una lista enorme de poetas que, como para la mayoría de los lectores, habían pasado desapercibidas.
  • Éramos unos niños de Patti Smith. Patti es omnipresente. Puede que no le pongas cara o que no sepas a ciencia cierta cosas de su vida, pero sus canciones son himnos que traspasan generaciones. Me hubiera encantado leer su libro siendo un poco más joven, para descubrir una historia autobiográfica valiente, atípica y totalmente inspiradora. Una mujer que continúa siendo generosa y trabajando por crear un mundo mejor.
  • Tea rooms: mujeres obreras de Luisa Carnés. Quizá te choque ver a Luisa en esta lista, pero creo que su libro es un relato imprescindible para entender nuestro pasado, lo que hemos ganado, y todavía lo que nos queda por luchar. Luisa tuvo que emigrar por sus ideales adelantados a su tiempo. Por su ideología y sus textos. Y quizá por ello es tan importante descubrirla a través de sus libros.

Estos son solo cinco títulos, escritos por cinco mujeres con cinco protagonistas. Pero la vida está llena de historias protagonizadas por mujeres esperando a ser descubiertas.

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